Déficit público sobre el PIB

La coyuntura económica actual ha puesto de manifiesto el creciente aumento de los gastos del estado así como su escasa planificación ya sea en que se traduzcan en crecimiento económico o en su mera financiación.

El aumento del tamaño estatal siempre trae consigo una caida de la libertad económica (Fundamentada en un aumento de la burocracia y de la presión fiscal sobre la economía privada). Con el presente informe de la Heritage Foundatión acerca de la libertad económica de los paises podemos ver que existe correlación entre crecimiento económico y libertad.

Este afán de crecimiento propio de los elementos burocráticos, como un ente que siempre divide sus tareas entre un número cada vez mayor de elementos, unido a la propia inercia de crecimiento del gasto público son los que han conformado el problema central de muchas economías del mundo.

Tras la incapacidad manifiesta de financiación interna pública a costa de la economía privada nacional, habida cuenta de las repercusiones negativas que, a corto plazo, suponen un recorte en esa capacidad recaudatoria, los estados acuden a los mercados de capitales en busca de financiación.

Los mercados (obligatorio uso plural para que den mas miedo y ejemplificar una lucha desigual) a cambio de la financiación exigen un interés. Dicho interés supone un añadido al coste anual del leviatán del Estado (además de la futura devolución del principal). Dicho interés no se pacta, nadie lo fija, es cada uno de los millones de participantes del mercado el que fija el interés en forma de puja de forma que la deuda se coloca al mínimo interés aceptado por alguno de los inversores.

Reorganicemos, pués, la situación del estado: Una coyuntura que afecta a la economía privada de forma negativa y disminución, por ende, de los ingresos públicos, la inercia del aumento del gasto del estado, crecientes gastos por estabilizadores automáticos y aumento de los costes financieros derivados de la deuda. A esto podemos añadir el gasto meramente político.

Si a ello añadimos haber superado el umbral de saturación de la deuda (es decir, cada euro de deuda genera menos de un euro de producción) encontramos que no existe ninguna motivación al aumento del gasto público vía endeudamiento.

Es en esa situación en la que los gastos del estado se han desorbitado y el estado ha conseguido devorar la economía privada cuando surgen las palabras que dan título a esta entrada: “reestructuración de la deuda” o “impago de la deuda”.

La reestructuración de la deuda, aunque parezca un término menos temible, radica en la misma idea que el impago. No es posible la devolución de las deudas. La reestructuración implica que los acreedores acepten renegociar los plazos que, obviamente tras la manifiesta incapacidad de pago, recaerán en un coste total de la deuda mayor. Además esa negociación implica que la financiación futura resultará mas costosa.

El impago es la ruptura unilateral de las obligaciones de devolución de las deudas. Esa unilateralidad en la decisión puede dar lugar a muchos problemas de política internacional.

En ambos casos, no hay que olvidar que estamos ante un escenario de aumento de los gastos del estado. En ambos casos la necesidad de financiación es, a largo plazo, creciente.

Es dificil concebir que, sin un recorte de los gastos, ese hipotético país no sucumba a su propia voracidad.

Para manifestar más claramente el problema al que se refiere el título de este post es necesario analizar la siguiente imagen:

Déficit público sobre el PIB

La información económica que recibimos nos lleva a pensar que un déficit del 4% no es tan alto e, incluso pensar lo mismo del 6,7%. Sobre el PIB, de hecho, parece algo aceptable. Sin embargo, vamos a ver a cuanto asciende la diferencia entre ingresos y gastos en el año 2009 y en el año 2012, por ejemplo (por coger dos gobiernos y que no me tachen de partidista):

En 2009 España gastó un 30% más de lo que ingresó y, en 2012 un 27,4% más. De hecho, un 2% de deficit sobre el PIB significaría que el país gastase algo mas de un 5% más de lo que ingresó en 2013.

Esta solución mágica viene fundamentada en la mera omisión de las consecuencias lógicas de sus actos y en el deseo de sostener el gasto político. ¿Quién prestaría a un desconocido del que conoce que fue incapaz de pagar sus deudas hace unos meses y que además sus ingresos siguen en descenso?

Cuando la maquinaria del leviatán del estado se pone en funcionamiento es muy difícil detenerla. La recuperación de la senda del crecimiento económico, así como de la libertad económica, se presenta como una tarea ardua de remar contra viento y marea y contra las ideas imperantes que se han ido constituyendo en un estado de gastos y justificaciones de estos crecientes.

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