Conclusiones educación

En primer lugar, debo anotar que la elección de este tema está alineada con la valoración acerca del sistema educativo realizada anteriormente con su cálculo simplista del coste educativo. Como ya anoté al principio es obvio que las personas con mayores dificultades económicas jamás podrán afrontar el pago de la educación. También, derivado de este estudio resulta manifiesto que la mayor parte (al menos el 75%) de la población sí que podría afrontarlo. Si tenemos en cuenta los ajustes que suponen una reducción (máxima) del 33% del coste medio por alumno de la educación las afirmaciones anteriores resultan todavía más reforzadas. Si añadiéramos la reforma del sistema de pensiones, que se augura inevitable, resultaría en que sólo aquellos que carezcan de ingresos serán incapaces de afrontar el pago de la educación. El sistema educativo español es muy caro y, además, obtiene unos resultados académicos inferiores, en términos relativos, a los de otros países europeos. Si pensamos en el sueldo mediano y en las decilas inferiores a ese sueldo podemos aseverar que al menos el 75% (siendo conservadores) se está pagando la educación a razón de 800 euros al año (sin tener en cuenta el incremento salarial durante la vida laboral) durante 45 años. Hagamos un cálculo simple, lo que paga para cada año de los seis años de educación post primaria no terciaria son 6.000 euros. Estableciendo una clase con 25 alumnos significa que una persona que llevase a ese grupo de alumnos se embolsaría 150.000 euros al año. Estoy seguro que no conocemos a nadie que no aceptase esa oferta para dar clases, incluso embolsándose la mitad por trabajar 15 horas semanales. Con los salarios del profesorado actuales (37.482 euros) estamos hablando de que 100.000 euros se irían en alquileres y material (en el caso de ser dos los profesores habría 50.000 euros para esos conceptos). Creo que es una forma más visual de mostrar cuanto nos cuesta la educación. Cuando escucho el mantra “la educación privada es para ricos” siempre pienso “la educación pública es para la aristocracia”. Por todos estos motivos podemos afirmar que la educación privada, cuyo coste sería, a todas luces, menor al de la actual educación pública actual (no existe ningún motivo para esperar que sea superior) no estaría fuera de las posibilidades de una importante minoría de la población. Además, existen las becas privadas y otros métodos redistributivos nacidos del mercado (de naturaleza no coercitiva) que podrían llegar a hacer nula la necesidad del estado como proveedor de servicios educativos. Lamento que el estudio no haya podido obtener mayor profundidad por no disponer de mayores datos desagregados que me hubieran permitido realizar un análisis diferenciado IES del que dispongo los datos.

Valoraciones finales del sistema educativo:

Según el Eurostat, España mantiene una de las más bajas ratios de alumnos por profesor de Europa, por debajo de países como Alemania, Francia, Holanda y Finlandia. En España se sitúa en 12 alumnos por profesor para la educación secundaria. Además, nos encontramos con que los profesores en España tienen un número de horas lectivas iguales al resto de países europeos. (Si las horas lectivas ahora que son 21 dan una media de 18,6 no quiero imaginarme el alto coste que representaba el que fueran 18 y unas 16,8 de media) España se sitúa de este modo como el 4º país de Europa en el que sus docentes tienen salarios relativos más altos con respecto a Europa y 5º de la OCDE. Los costes salariales de personal docente y no docente en España representan el 70% de los costes totales de la educación lo que indica que el sistema educativo es muy intensivo en mano de obra. El gasto público en educación representa el 28% de nuestra renta per cápita por encima de la OCDE y superando a países como Finlandia (De ese gasto, en salarios, se va mayor parte que en Finlandia) Así pues, el sistema educativo español no sufre una insuficiencia de financiación. Gastamos mayor porcentaje de nuestra renta per cápita, los profesores están mejor pagados y los alumnos pasan más horas en el aula que en el resto de países europeos. La financiación, pues, no es un problema Todo esto no era más que una primera aproximación a que el sistema educativo español, en términos económicos iba a resultar caro relativamente.

Los males del sistema educativo:

En mi opinión, los males del sistema educativo español y que lo diferencian de otros países son:

  • El carácter funcionarial del profesorado unido a su alto coste.
  • Modelo centralizado que no atiende a la demanda. Los verdaderos clientes de un centro público son los políticos y los profesores, no los estudiantes.
  • Desvinculación total entre coste y demanda que da lugar a matriculas ficticias y abandono de los estudios ya que el coste se repercute sobre terceros. Además de la elección de estudios no por el mayor rendimiento salarial sino por otras diatribas ajenas al mismo ya que los costes se socializan. Obtendrían lo mismo con un carné de biblioteca.
  • Coste de la educación muy alto.

Entraré a tratar cada uno de los anteriores puntos: La principal mejora que obtendría el estudiante de la educación sería la que deviniese de la descentralización de la oferta, es decir, el estado no debería imponer centralizadamente la oferta educativa. El profesorado debería ser la pieza clave del servicio educativo. Para ello es condición sine quanon su responsabilidad. Mantener el carácter funcionarial coadyuva la mala praxis docente. El profesor debe ser capaz, como profesional, de ofrecer el mejor servicio que pueda y, de no conseguirlo, como profesional habrá fracasado y ninguna ley debería ampararle y mantenerle en el monopolio del sistema educativo. Con la mayor responsabilidad del profesorado y la descentralización de la oferta conseguiríamos que la oferta se alineara con la demanda. La demanda de educación puede ser por fines crematísticos y no crematísticos. La que nos interesa es la primera porque respecto a la segunda bastaría con financiarle un carné de biblioteca. La demanda educativa estará alineada así con la demanda laboral haciendo que la oferta educativa tenga que adaptarse y responder a sus necesidades. Rompemos así con ese mantra de que la educación no debe responder a intereses privados pues son sus demandantes un fin en sí mismos, entes privados, que no deberían tener que responder a los intereses de una minoría (o mayoría) que les impusiera una rígida oferta. Este sistema descentralizado y libre, en el que la oferta educativa debe atender efectivamente a la demanda para poder subsistir, da lugar a un miedo acerca de la posibilidad o “injusticia” que supone la elección de un mal modelo ofertado sin conocerlo. Imaginemos que un padre lleva a su hijo a un colegio creyendo que es bueno cuando en realidad deviene en muy malo y en términos relativos su hijo pierde competitividad formativa con respecto a otros. Bien, esto puede pasar y puede ser una pega a este sistema (como también lo es actualmente optar por una carrera carente de demanda laboral o la pérdida de competitividad relativa que supone el actual sistema con respecto a la ciudadanía de otros países) pero podemos afirmar que esos casos serán muy limitados. En el siglo de la información tan pronto como se confirmara la inferioridad de un modelo la publicidad sería instantánea y la disposición de esa información llevará a no elegirla. Además, la descentralización de la oferta daría lugar a la experimentación de distintas metodologías docentes que redundarían en mayor calidad final del sistema. El profesorado, hoy día, carece de incentivos que le indiquen como o por qué mejorar su desempeño. Más allá del reconocimiento ético de su propio esfuerzo y resultados no tiene ningún incentivo a mejorar. Su salario no presenta correlación alguna con su labor y su rendimiento tampoco tiene significación alguna. Los clientes de la educación son incapaces de elegir su oferta. Son incapaces de aceptar soportar un coste salarial superior si el profesorado es el que desean. Incapaces de elegir su profesor. Entramos ahora en el terreno de la socialización de los costes. La demanda requerirá servicios alineados con el mundo laboral porque tiene que hacer frente a unos costes para adquirir el servicio educativo. De no ser así y estar la oferta educativa descentralizada, los costes educativos tenderán a ir en aumento (como han ido). Quizá el mayor ejemplo de este tipo lo tenemos en el sistema de sanidad estadounidense en el que los demandantes del servicio sanitario solo soportan un 10% de los costes y la oferta ha tendido a magnificarse (Aquí hay control de la oferta con ejemplos como el límite de una mamografía cada dos años). La motivación de la educación pública viene normalmente defendida bajo el progreso del país derivado de la formación. Ese progreso jamás se dará si no hay alineación alguna entre el mercado laboral y la oferta educativa. El rendimiento de la educación en un panorama de descentralización de la oferta educativa con la responsabilidad requerida por parte de los oferentes de la educación resulta, a priori, claro. Mejoraría por cuanto daría lugar a la experimentación descentralizada de modelos pedagógicos que, mediante las señales del mercado (demanda), se mostrarían superiores a otros de forma que, los que resulten manifiestamente subóptimos tengan que copiar los métodos manifiestamente superiores o mejorarlos para existir (es decir, para que el profesorado siga conservando su empleo). Todo lo anterior responde, además de al sentido económico de la educación a los resultados puramente académicos. Los resultados del sistema educativo español son nefastos. No sólo por los informes tipo PISA sino por lo referido al mercado laboral y salarios. España es uno de los países de Europa en los que la formación tiene menor incidencia en los salarios de los trabajadores. Además, ostenta el paro juvenil entre los más altos de Europa. Otro de los males de la educación es la escasa apuesta por la formación profesional. España tiene tan solo un 27% de graduados por esa vía mientras que Francia tiene un 73% y Alemania un 40%. El abandono escolar puede ser explicado por lo anterior, así como por la inadecuación de la oferta a la demanda. Resulta que el cliente de los servicios educativos tiene una nula capacidad de elección. (Se presupone que la FP solventa ese problema, pero existe una escasa apuesta por la misma).

Algunas cuestiones accesorias:

En el siglo de la información, con Wikipedia, Google, MITx, Udemy, Khan Academy, Youtube, Google Scholar, miles de Moocs, Blogs, Foros… todo ello gratis resulta sorprendente encontrarnos con una educación cara en términos relativos y que además jamás atenderá a estas nuevas opciones debido al carácter funcionarial del profesorado y su presión como lobby. Hoy en día serían requeridas muy pocas horas en un aula para aprender una materia. Mi asistencia misma en la universidad fue exigua para terminar sin tener problema las diferentes asignaturas de la carrera. Además, mediante estos medios no sería si quiera necesario que cada profesor publicase sus papeles pues serían mejoras de los anteriores. Todo conocimiento se basa en incrementos infinitesimales de cada uno de los actores que han tratado cada uno de los conocimientos asentados anteriores.   Seríamos capaces de encontrar a una persona que quiera dedicarse a dar clase a 15 alumnos a cambio de unos ingresos de 82.500 euros al año. Una persona con una formación suficiente como para responder a la demanda de sus alumnos acerca de todas sus materias (sobre todo si tenemos en cuenta la especialización). Creo que sería muy fácil encontrar a esa persona dispuesta a trabajar 6 horas al día, cinco días a la semana, 10 meses al año. Ese es el coste de la educación y esas son las cifras que maneja. Yo, sinceramente, considero que la mayor parte de la población por menos que esa cifra estaría dispuesto. (Teniendo en cuenta la proporción de los gastos totales en educación significaría que a su salario (y considerando que no hubiese “personal no docente”) se destinarían 57.750 euros, es decir, 44.423 euros netos). Imaginemos que realmente una persona es capaz de aceptar ese trabajo por 33.600 euros brutos, lo que cobra un trabajador con formación superior de media y además, considerando las mismas proporciones que en la educación actual, ese trabajador dispondría de 14.400 euros para alquilar un local y adecuarlo para la acción docente. Todo ello a cambio de trabajar seis horas al día, cinco días a la semana 10 meses al año. Supondría un desembolso medio por alumno, en una clase de quince alumnos y teniendo en cuenta que el salario representa el 70% de los costes totales de 3.200 euros por cada uno de esos alumnos. Este coste es un 42% inferior al actual. Si realizamos los mismos cálculos para una clase de 25 alumnos los costes totales son de 1.920 euros, un 66% menores al coste actual. Nótese que estoy teniendo en cuenta el mismo esquema de costes que el actual sistema. Creo que nadie diría ahora que la educación privada no pudiera estar al alcance de un grupo desfavorecido numeroso. Cojamos este último resultado para una clase con 25 alumnos. La diferencia en coste desde el sistema actual al hipotético son 3.600 euros por alumno. Lo que hace un montante de 21.600 euros de ahorro por alumno durante los seis años de su educación. Dinero suficiente para financiar una carrera. Tengamos en cuenta que, por ejemplo, la clase de 25 alumnos que suponía un desembolso de 1920 euros durante seis años hacen un total de 11.520 euros. Si prorrateamos el coste dividiéndolo para 45 años de pago de impuestos (Lo que implícitamente significa financiarlo a un interés del 0%) resultaría un pago anual de 256 euros al año en concepto de ESO y Bachiller. ¿Sigue siendo todavía para ricos? Considero que todavía habría personas que no podrían afrontar el pago de la educación. Dejando a un lado las preferencias individuales que llevarían a no afrontar el coste de la educación independientemente del nivel salarial de los padres o lo barato de la educación (Estas personas hacen uso de su autonomía individual y no quiero entrar a valorar la “justicia” de sus acciones). Su número no sería significativo pero la respuesta sería, por este orden, becas de fundaciones benéficas privadas, bondad del profesor que redistribuyera la renta de sus clientes en favor del desfavorecido de forma voluntaria (podemos verlo como dar clase gratis o como un aumento del coste de su servicio para financiar la educación del desfavorecido esta es, la nombrada anteriormente, como capacidad redistributiva del mercado) y, por último, y de forma subsidiaria, el estado mediante el cheque escolar. El cheque escolar para que exista libertad de elección de proveedor de servicios educativos. Confío en que mediante las instituciones privadas se sufragase el coste de todo de forma que fuera voluntario (confío por las cifras de Harvard y la bondad humana). Existe un problema grande en la cuantía que el estado proveyese ya que imaginemos una renta de 600 euros y una de 900 en la que la primera recibe el cheque y la segunda no lo que haría que mediante la transferencia de rentas del estado la de 600 euros tuviera un poder adquisitivo final mayor. Valorar este tema es arduo y no quiero extenderme más.

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