educacion

Lo primero que quiero decir es que un modelo educativo centralizado jamás puede demostrarse ser mejor que cualquiera de los modelos que pudiéramos imaginar a pesar de que exista ese consenso. (Derivado del consenso, en diversas épocas, se hubiera impuesto a todos el pensamiento de la mayoría que nunca ha demostrado ser más válido que el de la minoría por cuanto la minoría siempre ha sido la que ha impulsado los cambios).

La oferta debe descentralizarse. Los profesores deberían tener libertad de cátedra y ser los centros educativos, en todo caso, los que lleven a cabo la oferta educativa que crean mejor para sus clientes (los estudiantes y las familias). De esta descentralización surgirán infinitud de modelos en España que se ofertarán en competencia y darán lugar a una experimentación de modelos educativos distintos de forma que los mejores modelos continuarán y los que se demuestren peores o desaparecerán o deberán copiar o mejorar los modelos que han demostrado su supremacía para subsistir.

Derivado de lo anterior se dará respuesta a muchas de las peticiones del profesorado. Podrá haber centros que oferten una formación que incida en las diversas inteligencias múltiples de Howard Gardner. Si una familia o estudiante quiere llegar a ser, por ejemplo, músico, adecuar la oferta educativa y centrarse en ese nicho pudiendo ofrecer una formación superior para el futuro del infante.

En relación a esto debe tenerse en cuenta la responsabilidad. De esta libertad de oferta educativa tiene que derivarse la imposibilidad del sostenimiento coactivo de un modelo que se muestra ineficaz, es decir, las familias y estudiantes deben tener libertad de elección de su centro educativo y no perpetuar la existencia de modelos manifiestamente inferiores mediante la imposición coactiva de su financiación y su clientela. (Todo esto incluye libertad de contratación y despido del personal).

Todo lo anterior responde a las demandas del profesorado, pero requiriendo su responsabilidad.

Para acabar con ese problema de oferta y demanda mencionado se debe acometer un cambio en el pensamiento acerca de la gratuidad de la educación. Primero, no es gratuita, la pagamos. Segundo, tenemos la obligación de pagarla sin poder elegir nada acerca del producto que se nos oferta.

Ya hemos apuntado, en la anterior entrada, que el 70% de los costes educativos devienen de los salarios del profesorado que, en España, son relativamente altos. A pesar de esto a un salario medio de un profesor, 25.000 euros más seguridad social, y a una media de 15 alumnos por profesor (la de Alemania) tendríamos un gasto medio por alumno de 2.150 euros para cubrir esos costes. Añadiendo el resto de gastos llegaríamos a la cifra de 3.100 euros por alumno. La educación obligatoria consta de 12 años lo que resulta en un coste de 37.200 euros para toda la educación preuniversitaria por alumno. Si repartimos ese coste entre la vida laboral de una persona en España tenemos que deberá pagar, el padre, 1.062 euros cada año para pagar esa formación de su hijo. Puede parecer que es mucho, pero siendo el salario mediano (el más probable en España, para nada el medio) de 19.000 euros (2013) implica que el ciudadano paga 2.900 euros de IRPF y unos 2.500 en impuestos indirectos (sin considerar la seguridad social en la que España es el país que más elevado es el pago de toda Europa) lo que significa que una pareja con salario mediano paga casi 11.000 euros al año en concepto de impuestos. Hoy en día el gasto en educación preuniversitaria representa cerca del 15% de todos los impuestos directos e indirectos abonados tenemos que esa pareja está pagando hoy 1.600 euros para la educación, tenga o no hijos.

El beneficiario de la formación debe soportar íntegramente sus costes lo que redundará en una mayor responsabilidad de elección. (Por ejemplo y, teniendo en cuenta la universidad, aunque válido también para FP, una persona no cursaría una carrera si el incremento marginal de su salario derivado de su mayor formación a lo largo de su vida laboral no superase el coste que debe afrontar para acceder a la formación). De esto se deduce una racionalización de la oferta educativa de forma que no es un ente centralizado carente de información el que deba decidir el número de plazas para cada enseñanza ofertada, sino que serán los demandantes según sus criterios subjetivos los que determinen la oferta.

Quién pudiera pensar que el criterio económico debe alejarse de la educación debería propugnar la no socialización de los costes y pérdidas y estar muy de acuerdo en la libertad de contratación de la educación o mostrarse como un esclavista del pobre estudiante de una carrera sin demanda laboral que termina trabajando en lo mismo que hubiera trabajado sin la carrera, pero con 5 años menos de sueldo.

Además, el hecho de que los clientes puedan elegir su proveedor de formación motivará a los centros a ofrecer lo que los clientes demanden pudiendo atender de una manera generalista o por nichos la demanda (especialización) con una relación Calidad/Precio en continuo aumento (o carecerán de clientes).

Tras esto, el primer pensamiento es que existen algunas personas que no podrán permitírselo. Lo principal es que son muy pocas y que, de haberlas, estoy totalmente de acuerdo con que el estado, de forma subsidiaria (es decir si hay una fundación privada que lo financie todavía mejor), le ayude al soporte del coste educativo a esas personas que manifiestamente sean incapaces de afrontarla (Deberá abogarse por un prototipo de cheque escolar de forma que la familia siga teniendo total libertad de elección del centro). Además, todas estas cifras están inspiradas en el momento actual sin considerar que en pleno Siglo XXI habría, en libertad, centros que quizá ofertaran la formación de forma online o que los profesores cobrasen menos y otros mas, por supuesto. (al fin y al cabo, es obvio que en una región pobre de España si quieres ser profesor deberás cobrar lo que esa región pueda pagar y no lo que pueda pagar una región como el barrio de Almagro de Madrid).

Este sistema descentralizado y libre, en el que la oferta educativa debe atender efectivamente a la demanda para poder subsistir, da lugar a un miedo acerca de la posibilidad o “injusticia” que supone la elección de un mal modelo sin conocerlo. Imaginemos que un padre lleva a su hijo a un colegio creyendo que es bueno cuando en realidad deviene en muy malo y en términos relativos su hijo pierde competitividad formativa con respecto a otros. Bien, esto puede pasar y puede ser una pega a este sistema (como también lo es actualmente optar por una carrera carente de demanda laboral o la pérdida de competitividad relativa que supone el actual sistema con respecto a la ciudadanía de otros países) pero podemos afirmar que esos casos serán muy limitados. En el siglo de la información tan pronto como se confirmara la inferioridad de un modelo la publicidad sería instantánea y la disposición de esa información llevará a no elegirla.

Para terminar con esta opinión personal quiero decir que buena parte de los problemas educativos de España, sin alejarnos del pensamiento socialdemócrata de una educación pública, gratuita y de calidad, se solucionarían copiando a Finlandia en algo que nadie propugna: La libre contratación y despido del profesorado. No sirve de nada valorar su desempeño si no puede tener repercusiones y no existe incentivo a ser el mejor más que desde un punto de vista ético. Pero en este sistema no hay modo de racionalizar la oferta educativa porque no existen señales de precio que eviten que se oferten carreras sin demanda laboral posterior y de una forma gratuita que asimila la demanda por dicha formación a una demanda infinita. (Del despido libre del profesorado sí se podría plantear una descentralización de la oferta educativa).

No quería obviar un problema actual, para mí, en la educación. Se trata de la valoración del esfuerzo. La valoración del esfuerzo es totalmente subjetiva y carece de ningún indicador para su estimación (Por la valoración del esfuerzo podríamos afirmar que un agricultor cualquiera debería obtener unos rendimientos claramente superiores al mejor cirujano del mundo y lo que es mas tenemos capacidad para imponer un salario superior a uno que a otro). Con las evaluaciones continuas, los porcentajes que se aplican a la realización de ejercicios y participación… yo hubiera sido incapaz de obtener el graduado en la E.S.O. Los exámenes no pueden dilucidar fielmente la adquisición de conocimientos, pero sin duda el esfuerzo todavía menos por ese carácter de completa subjetividad.

Confío haber sido lo suficientemente claro en la exposición del tema para que se entienda. Está claro que no he sido totalmente concreto ya que en este formato me es imposible.

La educación es demasiado importante como para dejarla en manos de políticos.

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